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Número 12 - Diciembre 2017
Nadie es perfecto
Marisa Factorovich

 

La consulta es por una niña de casi 7, la madre y el padre vienen a verme; jóvenes, lindos; contentos con la familia que armaron junto con la otra nena de 4.
El motivo de la preocupación: Luli se hace pis y caca durante el día.

No hubo situaciones problemáticas en la conformación de la familia, de la pareja, ni en el crecimiento de Luli. Esta nena, sea en la casa, en el cole o en la casa de los fines de semana descontrola sus esfínteres.
Esto a la madre la angustia particularmente, lo relata y llora, siente culpa por fallar como madre aún sin entender en qué. Nunca imaginó que algo pudiera estar mal en su familia. Que haya algún problema era casi impensable, inimaginable. Ambos madre y padre son dulces en su modo. Pregunto si se enojan, cuándo, por qué, cómo ponen límites etc.

Vienen de familias, sobre todo la madre, muy unidas y pacíficas.
Describen a Luli en esos términos, todo muy positivo, salvo porque se hace encima lo demás está muy muy bien.
Me hago la idea que habitan algo así como  la “familia perfecta” y que el ideal que está en juego es el de la perfección.
Conozco a Luli. Me la imaginaba así luego de escuchar el relato de los padres. Rubia, simpática, linda, muy inteligente, curiosa, charleta, muy suelta; se queda rápidamente conmigo. Casi no mira los juguetes y así será prácticamente a lo largo de los encuentros, lo que le interesa es dibujar. Esto es para mí un desafío ya que no es lo gráfico lo que más me divierte o mi gusto al trabajar con pibes. Pero es el gusto y la escena de ella. Decido entonces pensarlo como escenario lúdico. Intentar recortar allí el marco del juego y disponerme a ello. 

El dibujar se va transformando en hacer regalos, dibujos- regalos para sus amigas, para las fiestas judías, paquetitos que son regalos, sobres de dibujos. Pienso caca- regalo, ¿pene niño? sólo pienso. Me pide que yo también dibuje, a veces le gusta lo que hago y se lo tengo que regalar para que ella lo regale. ¿Sabrá quién reciba ese dibujo que el autor es otro que ella? Pienso, sólo pienso.  Esta pregunta que se me apareció, tomará sentido después.
Según su mamá, Luli va detrás de las amigas, a ella le parece que no se anima a decirles lo que quiere a las chicas. Aún así tiene muchas amigas. “A mi sí se me anima y me trata mal” dirá la madre. 
Mientras dibujamos observo lo “correcta” educada, que intenta mostrarse. Pero… la pulsión acecha y de repente se manda una “cagada” algo hace y el dibujo se arruina. Esto se repite. Dibuja hermoso y una equivocación, un exceso en el trazo, un trazo fuera del tarro, arruina el dibujo entonces ella  lo tacha y lo tira. Armo juego con eso. Le hablo a la mano de ella, le digo que por favor no arruine lo perfecto del dibujo, que se vaya para otros lados a molestar. Le hablo al marcador lo reto, ella disfruta se ríe. Por el polo contrario, le propongo también jugar a arruinar, garabatear los dibujos de ella, los míos y otras veces el desafío  es pintar perfecto sin pasarnos de la raya, perfectísimo. Nos esmeramos, nos reímos es divertido, placentero.
Me arruina entonces mis dibujos, con bastante agresión,  una serie de travesuras empiezan a suceder entre hoja y hoja, se le va la mano. Lo perfecto, lo correcto, va dando paso de jugando a lo feo,  a lo incorrecto, de la mano de algo que viene a arruinar.
El pis y la caca se van por días, pero retornan. Y así vamos. 

Luli se hace la bebe, habla como bebe, ve- ve a su hermana. Me dice que quiere ser bebe, hablamos de su hermana. Dibuja mientras habla como bebe  y yo sigo el juego.
La madre me cuenta que jugando con ella en la casa, en el medio del juego, se hizo caca y lo negaba, pero el olor la delataba. Esto se venía repitiendo, negaba haber sido ella entonces la madre se enojaba porque “encima miente”. 
Pienso, “se caga en la cara de la bella madre” ¿Desafía a la madre? ¿Quién la para? ¿Qué demanda con eso? ¿Qué dice? Provoca. Se hace ver. Algo huele mal allí. Mientras juega con su mama ¿ESO caga?
Además de pensar que Luli sentiría vergüenza por lo que le pasa y el ser descubierta, tomo la idea de alguna pregunta en Luli, no realizada, respecto del quién de las cosas, la autoría. Quién hace, o se hacen solas: las cacas, los bebes, las manchas…los dibujos.
Cito a la mamá. Revisamos esa escena. Queda muy evidente que ella no puede poner un basta, pero con nadie. Se ofrece de más. Le da miedo enojarse, levantar la voz, no quiere “arruinar el vínculo”.
Pensamos juntas. Le digo que Luli la está forzando y demandando para que  ocupe determinada posición. Lo entiende. No puede dejar de hacer todo perfecto que incluye ser buena, está agotada. Recorta su dificultad, su síntoma con lágrimas. Me pide que la derive.

En la casa algunas cosas cambian, aparecen penitencias. Sanciones.

Lo que siguió fueron cambios  en el juego de Luli. El arruinar dejo de ser el juego. Lo que vino fueron relatos de ella de amigos que se casaban, lo decía así. Realizaban casamientos en el aula de jugando, pero en su decir eran serios. Le gustaba un nene pero era novio de su amiguita, no podía ser. Se iba a “aguantar” dijo, hasta que no fueran más novios.

La madre me escribió: “dónde queres que te haga el monumento”, eso quería decir que Luli ya no se hacía ni pis ni caca. Me costó entender ese mensaje. Monumento me sonó a encierro. Le contesté, sin pensar mucho, Noooo. Al mismo tiempo  me di cuenta que a esta altura, Luli estaba como liberada,  mucho más expresiva y contenta.
El otro día le pregunte que tal estaba; me dijo que “la caca y el pis habían quedado en el pasado” pero que le gustaba seguir haciéndose la bebe.
Claro le dije, los bebes hacen cosas mal y nadie se enoja con ellos.

Nunca había hablado de su dificultad así. Y esa sesión habló como bebe todo el tiempo y a eso jugamos.

En el presente, sigue gustando de venir a jugar. Aunque pronto, seguramente, nos despediremos y su tratamiento concluirá.        

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